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Diócesis de Almería

DECRETO Y ESTATUTOS DEL CONSEJO DE ASUNTOS ECONÓMICOS

Decreto 52/2023 (21 de diciembre) por el que se aprueba el nuevo Estatuto del Consejo de asuntos económicos de la diócesis de Almería

 

En cada diócesis ha de constituirse el Consejo de asuntos económicos que, presidido por el Obispo diocesano, le asesore y colabore con él en la administración de los bienes temporales de la diócesis (cf. c. 492), y en determinadas circunstancias recabe el parecer y/o el consentimiento de sus miembros para tomar decisiones en asuntos de mayor importancia en materia económica (cf. c. 1277-1278).

Caminar juntos como Iglesia en esta situación ha ido precisando del establecimiento de nuevas normas y criterios en materia económica que necesitan ser aplicados para alcanzar una mayor transparencia y efectividad en la administración de los bienes de la diócesis.

Por ello, una vez que se han dado pasos en este sentido, escuchado el parecer de los miembros del Consejo diocesano de asuntos económicos en su sesión del 19 de diciembre del corriente, siempre buscando el bien de los fieles en el mayor servicio a las comunidades de la Iglesia que peregrina en Almería, por el presente APROBAMOS EL NUEVO ESTATUTO DEL CONSEJO DIOCESANO DE ASUNTOS ECONÓMICOS por el que se regirá de aquí en adelante, derogando los anteriores Estatutos y su reglamento interno vigentes desde febrero de 2009.

Notifíquese este Decreto a todos los miembros del Consejo diocesano de asuntos económicos, y publíquese en el Boletín Oficial del Obispado de Almería.

Dado en Almería, a veintiuno de diciembre de dos mil veintitrés.

+ Antonio Gómez Cantero
Obispo de Almería

Por su mandato,
José Juan Alarcón Ruiz
Canciller Secretario General

ESTATUTOS DEL CONSEJO DIOCESANO DE ASUNTOS ECONÓMICOS
DIÓCESIS DE ALMERÍA

 

TÍTULO I
NATURALEZA Y FUNCIONES

Artículo 1. §1. El Consejo diocesano de asuntos económicos (en adelante CAE) de la Diócesis de Almería es un órgano de la Curia diocesana que colabora con el Obispo en la administración de los bienes temporales de la diócesis (cf. c. 469), según las facultades y obligaciones que le atribuyen el Código de derecho canónico, sobre todo el Libro V De los bienes temporales de la Iglesia y este Estatuto (cf. c. 492, §1).

§2 El CAE es también un organismo sinodal, que expresa la corresponsabilidad y la participación de todo el pueblo de Dios en el cumplimiento de la misión compartida de la Iglesia, atendiendo a la mejor administración de los bienes para la misión última de anunciar el Evangelio.

§3. El CAE es un organismo de carácter consultivo, excepto en los casos, señalados de modo expreso, en los que se requiere legalmente su consentimiento.

Artículo 2. Es función principal del CAE estudiar los asuntos económicos de la diócesis y asesorar al Obispo diocesano en todo lo concerniente a esta materia, ayudándole en la administración de los bienes eclesiásticos de la diócesis y de las personas jurídicas públicas sujetas a su jurisdicción (cf. cc. 492-493), e intermediar ante terceros en aquellos asuntos que, por decisión del Obispo, así lo considere.

Artículo 3. Son funciones del CAE:

  1. Aprobar cada año, en el mes de diciembre, el presupuesto de ingresos y gastos para el régimen económico de la Diócesis del año entrante, sobre el proyecto que presente el Ecónomo Diocesano y de acuerdo con las indicaciones recibidas del Obispo (cf c. 493).
  2. Examinar y, en su caso, aprobar las cuentas del ejercicio anterior que ha de presentar el Ecónomo de la Diócesis durante el primer semestre del año (cf. cc. 493 y 494 §4).
  3. Determinar, de acuerdo con el Obispo y siguiendo los principios de la disciplina general de la Iglesia, las orientaciones generales, los criterios y los modos de administración de los bienes de la Diócesis, de modo que estos sirvan más eficazmente a sus fines, para su ejecución por el ecónomo diocesano (cf. cc. 494 §3 y 1254 §2).
  4. Asesorar al Obispo en lo que se refiere a la adquisición de bienes y recursos, inversiones, enajenaciones y administración del patrimonio diocesano.
  5. Revisar, junto con la Oficina de rendición de cuentas de la diócesis, las cuentas anuales de las personas jurídicas públicas sujetas a su jurisdicción (cf. c. 1287 §1).
  6. Ayudar al Obispo en la diligente vigilancia sobre la administración de los bienes pertenecientes a las personas jurídicas públicas que le están sujetas (cf. c. 1276).
  7. Elegir provisionalmente Ecónomo diocesano, en el caso de que éste hubiese sido elegido Administrador diocesano en sede vacante (cf. c. 423 §2).

Artículo 4. Se requiere el consentimiento del CAE:

  1. Para realizar actos de administración extraordinaria (cf. c. 1277), según lo determinado por la Conferencia episcopal española en su Segundo Decreto General de 1 de diciembre de 1984 (cf. art. 16), a saber:
    • Los expresamente declarados tales con carácter general, o para entidades determinadas, por su propio derecho o escritura de fundación.
    • Los que modifiquen sustancialmente o supongan un riesgo notable para la estructura del patrimonio de la entidad eclesiástica correspondiente.
    • La inversión de dinero y los cambios de las inversiones hechas, siempre que supongan alteración notable en la naturaleza de los bienes que se invierten o riesgo grave para la inversión, cuando su valor exceda el límite mínimo fijado por la Conferencia Episcopal a efectos del c. 1292.
  2. Para conceder el Obispo licencia de enajenación de bienes, tanto de la Diócesis como de cualquier otra persona jurídica a él sometida, si el valor de los bienes a enajenar está comprendido entre el límite mínimo y máximo fijado por la Conferencia episcopal española (cf. c. 1292 §1), en este caso si supera el valor de ciento cincuenta mil euros, cantidad acordada por la Asamblea Plenaria de noviembre de 2006, que recibió la recognitio del Dicasterio para los Obispos con fecha 7 de febrero de 2007, y se publicó con fecha 28 de febrero de 2007, o que supere la nueva cantidad que la Conferencia Episcopal Española pueda establecer en el futuro.
  3. Para solicitar el Obispo la autorización de la Santa Sede para enajenar bienes cuando sea necesaria su autorización de la Santa Sede, porque el valor de los bienes a enajenar exceda el máximo determinado por la Conferencia Episcopal Española según lo señalado en párrafo anterior, en este caso si supera el valor de un millón quinientos mil euros o que supere la nueva cantidad que la Conferencia episcopal pueda establecer en el futuro.
  4. Para enajenar exvotos donados a la Iglesia o de bienes preciosos por razones históricas o artísticas (cf. c. 1292 §2).
  5. Para realizar cualquier operación de la que pueda resultar perjudicada la situación patrimonial de la diócesis o de las personas jurídicas públicas sujetas a la jurisdicción del Obispo diocesano, tales como servidumbres, hipotecas, usufructos, cesiones, permutas, arrendamientos, pignoración, y otro tipo de operaciones financieras (cf. c. 1295).
  6. Para arrendar bienes eclesiásticos rústicos o urbanos, que han de equipararse a la enajenación en cuanto a los requisitos necesarios para su otorgamiento (cf. c. 1297).
  7. En lo referente a la intervención en bienes inmuebles en los casos señalados en el protocolo diocesano existente.
  8. En los demás casos que determine el derecho canónico universal o la escritura de fundación (cf. c. 1277) o el Obispo diocesano.

      Artículo 5. Se requiere oír el parecer del CAE:

      1. Sobre la persona que haya de ser nombrada para el oficio de Ecónomo de la Diócesis (cf. c. 494 §1), así como para removerlo por causa grave que debe ponderar el Obispo (cf. c. 494 §2).
      2. Sobre la oportunidad, cuantía y demás condiciones del tributo o contribución extraordinaria que el Obispo quiera imponer a las personas físicas o jurídicas de la Diócesis (cf. c. 1263).
      3. Sobre los actos de administración ordinaria que, atendida la situación económica de la Diócesis, sean de mayor importancia (cf. c. 1277), salva la determinación del art. 16 §2 del Segundo Decreto General de la Conferencia Episcopal Española del 1 de diciembre de 1984, según el cual “se presuponen actos de administración ordinaria los incluidos expresamente en el presupuesto anual, una vez aprobado en debida forma”.
      4. Sobre la determinación de los actos que exceden la administración ordinaria de las personas jurídicas públicas sometidas al Obispo y que no estén determinadas en sus Estatutos (cf. c. 1281 §2).
      5. Sobre la colocación de los bienes asignados en beneficio de las Fundaciones Pías (cf. c. 1305).
      6. Sobre la reducción de las cargas de las Fundaciones Pías cuando se hace imposible el cumplimiento de las mismas por haber disminuido las rentas o por cualquier otra causa, sin culpa de los administradores (cf. c. 1310 §2).
      7. Sobre la ordenación del Reglamento por el que han de regirse las retribuciones de los clérigos que prestan servicio en la diócesis y se abonan con cargo al Fondo diocesano de sustentación del Clero, según lo señalado en el art. 14 §1 del Segundo Decreto General de la Conferencia Episcopal Española del 1 de diciembre de 1984.
      8. Sobre el funcionamiento de la Oficina diocesana de rendición de cuentas y el ordenamiento del Reglamento de todos los Fondos diocesanos.

      TÍTULO II
      COMPOSICIÓN DEL CONSEJO

      Artículo 6. §1. El CAE estará formado por los siguientes miembros:

      • El Obispo de la Diócesis, que lo preside por derecho propio.
      • El Vicario General de la Diócesis, que en ausencia del Obispo, puede presidirlo como delegado suyo.
      • El Ecónomo Diocesano.
      • Un máximo de siete laicos, nombrados por el Obispo, verdaderamente peritos en materia económica, financiera, empresarial, o en derecho civil y de probada integridad (cf. c. 492 §1).
      • Un sacerdote diocesano, si el Obispo considera conveniente aumentar el número de sus miembros.

      §2. Quedan excluidos del Consejo de Asuntos Económicos los parientes del Obispo hasta el cuarto grado de consanguinidad o afinidad (cf. c. 492 §3).

      §3. Los miembros del CAE no percibirán remuneración alguna por este oficio.

      Artículo 7. §1. Los miembros del Consejo son nombrados por el Obispo por un periodo de cinco años, pudiendo ser renovados para otros quinquenios (cf. c. 492 §2). Las vacantes que se produzcan durante el quinquenio sólo tendrán que ser cubiertas por el Obispo si el Consejo quedara reducido a menos de tres miembros.

      §2. Al comienzo de su misión los miembros del Consejo prometerán al Obispo cumplir fielmente su oficio y guardar secreto sobre los asuntos tratados en el Consejo, así como de las deliberaciones y decisiones del mismo (cc. 471 y 127 §3).

      §3. Los miembros del Consejo solamente cesarán en su cargo por transcurrir el tiempo para el que fueron nombrados; por propia renuncia aceptada por el Obispo antes de cumplir su mandato, en cuyo caso podrá nombrar a otro miembro hasta cumplir el periodo por el que fue constituido el CAE; por imposibilidad reiterada de cumplir su misión y asistir a las sesiones del Consejo; por causa grave, a juicio del Obispo.

      Artículo 8. §1. No podrá celebrarse sesión del Consejo si no está presente el Obispo o su delegado y, al menos, tres de sus miembros.

      §2. En caso de sede impedida o vacante, el CAE continuará en sus funciones. Después del inicio del ministerio episcopal del nuevo Obispo, éste podrá confirmar el CAE existente o proceder a la constitución de un nuevo Consejo en el plazo de un año.

      Artículo 9. Todos los miembros tienen la obligación de asistir a las sesiones del CAE a las que se les convoque, habiendo estudiado previamente los asuntos señalados en el orden del día, si así fuera necesario. La imposibilidad de asistir deberá ser comunicada al Secretario del CAE antes de la celebración de la sesión de trabajo.

      Artículo 10. §1. De entre los miembros del Consejo habrá de elegirse un Secretario al que le corresponde levantar acta de cada sesión y someterla a la aprobación del Consejo, y una vez aprobada, consignarla en la Cancillería del Obispado para su archivo.

      §2. Las citaciones, cursadas por el Secretario, se harán personalmente o por medios postales o electrónicos a cada consejero al menos con una semana de antelación con tiempo suficiente y a la citación se acompañará el orden del día y el material que se estime necesario para la deliberación de los temas, salvo en caso justificado por el asunto o por la urgencia de su estudio (cf. c. 166).

      TÍTULO III
      FUNCIONAMIENTO DEL CONSEJO

      Artículo 11. El CAE está compuesto por dos órganos; el Pleno y la Comisión Permanente. 

      Artículo 12. §1. El Pleno está formada por todos los miembros del CAE al que le compete:

      1. Las funciones establecidas en los artículos 2 y 3, apartados a-b-g-h de los presentes Estatutos.
      2. Los asuntos que eleve a su conocimiento el Obispo diocesano.
      3. Los asuntos que eleve a su conocimiento la Comisión Permanente.

      §2. El Pleno se reunirá, en sesión ordinaria, dos veces al año, a los efectos previstos en el artículo 3, es decir en el mes de noviembre o diciembre de cada año para aprobar el presupuesto de la Diócesis de Almería para el ejercicio siguiente, y durante el primer semestre de cada año para aprobar las cuentas del ejercicio anterior presentadas por el Ecónomo Diocesano; y de forma extraordinaria, siempre que lo considere necesario el Obispo Diocesano.

        Artículo 13. §1. La Comisión Permanente está formada por el Vicario General, el Ecónomo diocesano y dos miembros del Pleno designados por el Obispo que, en su ausencia, será presidida por el Vicario general como delegado suyo.

        §2. La Comisión atiende a una mayor eficacia en la gestión de los asuntos y por ello se reunirá al menos una vez al trimestre. A ella le compete cuanto no se encomienda en este Estatuto al Pleno del CAE y cuanto sigue:

        1. Las funciones establecidas en los artículos 2 y 3, apartados c-d-e-f de los presentes Estatutos.
        2. Los asuntos relativos a las solicitudes de ayudas para obras y reparaciones en bienes inmuebles de la diócesis, revisión de proyectos y presupuestos y en la asignación de las aportaciones que provengan de las subvenciones concedidas, en acción común con la Comisión diocesana de seguimiento de obras.
        3. Los asuntos relacionados con la Comisión diocesana para el Sostenimiento de la Iglesia y con la información de la marcha de la economía diocesana a todo el pueblo de Dios que peregrina en Almería.
        4. Los asuntos que consideren oportuno elevar al Pleno del Consejo para que sean estudiados por sus miembros.
        5. Los asuntos que les encomiende el Obispo diocesano o, con la aprobación de éste, el Pleno del Consejo.

        Artículo 14. Para la ejecución de las tareas asignadas, el CAE podrá crear, con el visto bueno del Obispo diocesano, cuantas comisiones estime oportunas, en las condiciones que considere y por el tiempo que sean necesarias. Se podrá también contar con el parecer de peritos que asesoren puntualmente sobre cuestiones importantes mediante informes periciales no vinculantes, o incluso asistiendo a la sesión correspondiente del Consejo.

        Artículo 15. Para la validez de los acuerdos se requieren las siguientes condiciones:

        1. Presencia de la mayoría absoluta de los miembros, es decir, la mitad más uno.
        2. En las sesiones del Consejo, cada uno manifestará libremente su parecer; el Presidente decidirá si en alguna ocasión debe someterse el asunto a votación, y así emitirá su voto en conciencia, votación que puede ser secreta a petición de cualquiera de los presentes (cf. c. 127 §3).
        3. Cuando se trate de recabar el consentimiento del Consejo, se entenderá dado si obtiene la mayoría absoluta de los consejeros presentes en la sesión. En el caso de consulta, el Obispo escuchará a todos los consejeros presentes (cf. c. 127).
        4. Los acuerdos serán válidos si obtienen la mayoría de los votos de los presentes y la posterior aprobación del Obispo diocesano. En la votación se seguirá lo señalado en los cc. 119 y 127.

          TÍTULO IV
          DE LA INTERPRETACIÓN Y MODIFICACIÓN DE ESTOS ESTATUTOS

          Artículo 16. Corresponde al Obispo interpretar, modificar y dar normas complementarias a estos Estatutos, así como promulgar otro nuevo, dejando a salvo lo establecido por el Derecho.

          En Almería, a veintiuno de diciembre de 2023.

          + Antonio Gómez Cantero
          Obispo de Almería 

          Por su mandato,
          José Juan Alarcón Ruiz
          Canciller Secretario General

          DECRETO RENOVACIÓN COMISIÓN DE CONTRATACIÓN

          Decreto 16/2023 (11 de junio) por el que se renueva la Comisión de contratación del Obispado y se designan sus nuevos miembros

           

          La Comisión de Contratación tiene competencia en la selección y contratación de todo el personal dependiente directamente de la gestión del Obispado actuando, una vez autorizada por el Obispo la contratación de personal, para resolver sobre el concurso de los candidatos para su selección y contratación según los criterios señalados (cf. Reglamento para la aplicación del Estatuto de Curia de la diócesis de Almería, n. 27).

          Por ello, por el presente, renovamos esta Comisión existente en nuestra Curia diocesana, de la que formarán parte los siguientes miembros que ahora designamos, por un periodo de tres años:

          • Xavier Pomés Abella, laico, Ecónomo diocesano;
          • Ramón Garrido Domene, presbítero, Responsable de personal y de recursos humanos del Obispado;
          • Juan Antonio Plaza Oña, presbítero, Delegado episcopal para Cáritas diocesana.

          Dado en Almería, a once de junio de dos mil veintitrés.
          Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

           + Antonio Gómez Cantero
          Obispo de Almería

          Por su mandato,
          José Juan Alarcón Ruiz

          DECRETO ADMINISTRACIÓN ORDINARIA Y EXTRAORDINARIA

          Decreto 27/2023 (25 de julio) por el que se determinan los límites y modos de administración ordinaria y extraordinaria para los actos propios de administración de bienes

           

          En la administración de los bienes de la Diócesis, parroquias e instituciones y personas jurídicas sometidas a la autoridad del Obispo diocesano aparecen con frecuencia dudas acerca de la naturaleza ordinaria o extraordinaria de determinados actos de administración. A esta confusión se añade el hecho de que el Código de Derecho Canónico utiliza nomenclaturas diversas para referirse a los actos de administración de bienes, tales como actos de mayor importancia (cf. c. 1277) o actos de cuya realización pueda resultar perjudicada la situación patrimonial de la persona jurídica (cf. c. 1295).

          El canon 1281§2 establece que corresponde al Obispo diocesano, oído el Consejo de asuntos económicos, determinar cuáles son los actos que sobrepasan el límite y el modo de la administración ordinaria para las personas que le están sometidas.

          Por todo lo anterior, oído el parecer del Consejo diocesano de asuntos económicos en su sesión ordinaria de 13 de julio del corriente, por el presente vengo a establecer los siguientes criterios que delimitan los actos de administración ordinaria y extraordinaria de los bienes, dentro de la progresiva ordenación de la Normativa diocesana sobre administración de bienes que se viene realizando, criterios que serán aplicables a todas las instituciones dependientes de la autoridad del Obispo diocesano.

          Dado en Almería, a veinticinco de julio de dos mil veintitrés.
          Solemnidad de Santiago Apóstol, Patrono de España.

          + Antonio Gómez Cantero
          Obispo de Almería

          Por su mandato,
          José Juan Alarcón Ruiz
          Canciller Secretario General

          ACTOS DE ADMINISTRACIÓN ORDINARIA Y EXTRAORDINARIA EN LA DIÓCESIS DE ALMERÍA

           ACTOS DE ADMINISTRACIÓN ORDINARIA

           

          Artículo 1. Concepto de administración ordinaria.

          Se consideran actos de administración ordinaria los que se realizan cada año o, al menos, frecuentemente y son necesarios para la normal gestión y administración de los bienes, sin exceder la potestad normal del administrador de la persona jurídica, quien deberá cumplir su función con la diligencia de un buen padre de familia (cf. c. 1284 §1).

           Artículo 2. Actos de administración ordinaria.

          Sin que la presente relación quede cerrada, se consideran actos de administración ordinaria:

          1.  Los incluidos expresamente en el presupuesto anual, una vez aprobado en la debida forma (cf. art. 16.2 Segundo Decreto General sobre las normas complementarias al nuevo Código de Derecho Canónico, XLI Asamblea Plenaria de la CEE).
          2. Vigilar con diligencia que los bienes no se pierdan en modo alguno ni sufran daño, suscribiendo a tal fin contratos de seguro (cf. cc. 1284 §2, 1º)
          3. Cuidar de que la propiedad de los bienes eclesiásticos se asegure por los modos civilmente válidos (cf. c. 1284 §2, 2º); para ello, deberá efectuarse la inscripción de los bienes inmuebles en el Registro de la Propiedad.
          4. Observar las disposiciones canónicas, civiles, administrativas, fiscales y laborales en cualesquiera materias, así como lo dispuesto por el fundador o donante, y vigilar para que de su inobservancia no se derive daño o perjuicio para la Iglesia (cf. c. 1284 §2, 3º).
          5. Cobrar diligentemente y oportunamente las rentas y productos de los bienes, conservar los ya cobrados, pagar el interés debido por préstamos o hipotecas y cuidar de que el capital prestado se devuelva en su plazo (cf. c.1284 §2, 7º, 8º y 9º).
          6. Las obras de mero mantenimiento y conservación y las reparaciones ordinarias que deban ejecutarse en cualesquiera bienes muebles o inmuebles con ocasión del uso natural y ordinario de los mismos.
          7. Cualesquiera otros que no excedan de la normal gestión y administración de los bienes de la persona jurídica, atendidos sus propios estatutos normativa aplicable.

          Artículo 3. Requisitos para la validez de los actos de administración ordinaria.

          Los actos de administración ordinaria no necesitarán autorización del Ordinario del lugar; solo deberán cumplir los establecidos por los estatutos o nomas aplicables a la persona jurídica que los realice.

          ACTOS DE ADMINISTRACIÓN EXTRAORDINARIA

           Artículo 4. Concepto de administración extraordinaria.

          Tendrán la consideración de actos de administración extraordinaria los que sobrepasen el límite o modo de la administración ordinaria, especialmente los siguientes:

          1. Los que tengan la consideración de actos de mayor importancia (cf. c. 1277).
          2. Los que modifiquen sustancialmente o supongan un riesgo notable para la estructura o situación patrimonial de la entidad eclesiástica (cf. c. 1295).
          3. Los expresamente declarados como actos de administración extraordinaria con carácter general o para determinadas entidades, por las presentes normas o el propio derecho aplicable a las entidades eclesiásticas (cf. art. 15.1. Segundo Decreto General sobre las normas complementarias al nuevo Código de Derecho Canónico, XLI Asamblea Plenaria de la CEE).
          4. La enajenación de cualesquiera bienes inmuebles.
          5. La enajenación de bienes muebles que formen parte del patrimonio histórico, de exvotos donados a la Iglesia, y de bienes preciosos, por razones artísticas o históricas.

          Artículo 5. Actos considerados de administración extraordinaria.

          Sin que la presente relación quede cerrada, se consideran actos concretos de administración extraordinaria que necesitarán licencia por escrito del Ordinario diocesano, entre otros, los siguientes:

          1. La inversión de dinero y los cambios en las inversiones hechas, siempre que supongan alteración notable en la naturaleza de los bienes que se invierten o riesgo grave para la inversión, cuando su valor exceda los 60.000,00€ (cf. art. 16.1.3 Segundo Decreto General sobre las normas complementarias al nuevo Código de Derecho Canónico, XLI Asamblea Plenaria de la CEE).
          2.  La ejecución de cualesquiera obras en inmuebles que formen parte del patrimonio histórico.
          3.  La ejecución en inmuebles de obras de construcción, rehabilitación o restauración cuyo presupuesto supere los 6.000,00€.
          4.  La restauración de bienes muebles que formen parte del patrimonio histórico o de bienes preciosos, por razones artísticas o históricas.
          5.  La aceptación de cualesquiera herencias, legados o donaciones sometidos a condición, término, modo o cualquier otra limitación del dominio y la libre disposición de bienes.
          6.  La aceptación de herencias o legados no sujetos a limitación alguna, si su valor excede los 6.000,00€, y la renuncia a cualquier derecho, cualquiera que sea su valor.
          7.  La no aceptación de herencias o donaciones y la repudiación de legados.
          8.  La formalización de cualquier negocio jurídico o contrato que conlleve la limitación del derecho de libre disposición de los bienes o cualquier facultad de dominio sobre los mismos
          9.  La formalización operaciones de crédito, préstamo, aval o garantía de carácter personal, ya sea en calidad de prestatario o prestamista.
          10.  La constitución de hipotecas, gravámenes o cualquier otro derecho real sobre inmuebles.
          11.  Cualquiera operación que suponga la constitución o participación en la propiedad en una sociedad, mercantil o civil, o en cualquier otro tipo de persona jurídica.
          12.  Cualquier otra operación de la que pueda resultar perjudicada la situación patrimonial de la persona jurídica.

          Artículo 6. De la adquisición, enajenación de bienes y actos asimilados.

          Se requerirá licencia por escrito del Ordinario del lugar para los siguientes actos:

          1. La adquisición de bienes inmuebles, cualquiera que sea su importe.
          2. La adquisición de bienes muebles cuyo valor supere el 20% del presupuesto de gastos ordinarios de la entidad y, en todo caso, si su valor supera los 6.000,00€.
          3. La enajenación de cualquier bien inmueble, forme o no parte del patrimonio estable de la entidad.
          4. La enajenación de bienes muebles que formen parte del patrimonio histórico o de bienes preciosos, por razones artísticas o históricas.
          5. El arrendamiento o cesión a terceros de derechos sobre cuales quiera bienes muebles o inmuebles.

          Artículo 7. Requisitos para la validez de los actos de administración extraordinaria.

          Para todos los actos comprendidos en los artículos 5 y 6 se requerirá la licencia por escrito del Ordinario diocesano, una vez cumplidos estos requisitos previos

          1. Para los actos cuyo valor no exceda de 150.000,00€ se necesitará la aprobación del Obispo diocesano, oído el parecer del Consejo diocesano para Asuntos Económicos (cf. c. 1277).
          2. Para los actos cuyo importe se sitúa entre la cantidad mínima y máxima establecida por la conferencia Episcopal Española (150.000€ y 1.500.000,00€) se requerirá la aprobación del Obispo diocesano previo el consentimiento del Consejo Diocesano de Economía y el Colegio de Consultores (cf. c. 1292 §1).
          3. Para los actos cuyo valor exceda del máximo fijado por la Conferencia Episcopal Española (1.500.000,00€), de exvotos donados a la Iglesia, o de bienes preciosos, por razones artísticas o históricas, se requiere además, para su validez, la licencia otorgada por la Santa Sede.

          Dado en Almería, a veinticinco de julio de dos mil veintitrés.
          Solemnidad de Santiago Apóstol, Patrono de España.

          + Antonio Gómez Cantero
          Obispo de Almería

          Por su mandato,
          José Juan Alarcón Ruiz
          Canciller Secretario General

          DECRETO Y REGLAMENTO COLEGIO DE ARCIPRESTAES

          Decreto 28/2023 (25 de julio) por el que se instituye formalmente el Colegio de Arciprestes de nuestra diócesis de Almería

          La sinodalidad ha de alcanzar y configurar todas las estructuras diocesanas, sobre todo aquellas que favorecen la comunión y la misión compartida.

          El Colegio de Arciprestes es una institución diocesana que ya existió hace años en nuestra diócesis, promovida por los últimos Obispos del siglo pasado y que ahora consideramos necesaria y oportuna para coordinar la acción pastoral común de los arciprestazgos, una vez que su configuración ha quedado renovada mediante el Decreto 25/2023 de esta misma fecha.

          Por ello, mediante el presente, INSTITUIMOS FORMALMENTE EL COLEGIO DE ARCIPRESTES Y APROBAMOS SU SENCILLO REGLAMENTO con el deseo de que, caminando juntos los arciprestes con el Obispo, animemos a vivir la comunión y la corresponsabilidad de todos los fieles en cada arciprestazgo al compartir la misma misión de anunciar la buena noticia del evangelio y la alegría de la fe.

          Dado en Almería, a veinticinco de julio de dos mil veintitrés.
          Solemnidad de Santiago Apóstol, Patrono de España.

          + Antonio Gómez Cantero
          Obispo de Almería

          Por su mandato,
          José Juan Alarcón Ruiz
          Canciller Secretario General

          REGLAMENTO DEL COLEGIO DE ARCIPRESTES DE LA DIÓCESIS DE ALMERÍA

           

          Artículo 1. Naturaleza y fines.

          El Colegio de Arciprestes es un órgano diocesano de comunión, de participación, de sinodalidad, de ejercicio de la corresponsabilidad eclesial y de coordinación de la pastoral diocesana.

          El Colegio de Arciprestes tiene como misión cumplir con respecto a los diferentes arciprestazgos el cometido que el arciprestazgo cumple con respecto a las parroquias de su demarcación. Este colegio fomenta la actitud colegial conjunta y así posibilita que la pastoral en la diócesis sea verdaderamente una pastoral diocesana, caminando juntos en comunión y compartiendo los mismos objetivos, y evitando así que la vida pastoral de los arciprestazgos transcurra por caminos diferentes a los que la diócesis programa, aunque cada uno de ellos mantenga su propio talante y goce de relativa autonomía.

          Artículo 2. Composición y presidencia.

          El Colegio de Arciprestes está integrado por la totalidad de los arciprestes de la diócesis y es presidido por el Obispo diocesano o el Vicario General.

          Artículo 3. Tareas.

          A este órgano colegiado de índole pastoral el Obispo diocesano encomienda las siguientes tareas:

          1. Fomentar la comunión y la corresponsabilidad en toda la Iglesia diocesana.
          2.  Potenciar la función propia de los arciprestazgos que es la coordinación de la acción pastoral y la ayuda a los sacerdotes, laicos y miembros de Vida consagrada que en ellos viven la fe.
          3.  Fomentar la coordinación entre los distintos arciprestazgos, intercambiando experiencias y homologando la actividad pastoral en sus líneas y objetivos fundamentales.
          4.  Colaborar en la programación y seguimiento de los objetivos pastorales diocesanos, revisando sus acciones y marcha de la vida pastoral diocesana.
          5.  Colaborar con la Delegación episcopal para el Clero en la atención a los sacerdotes del presbiterio diocesano.
          6.  Asesorar al Obispo en aquellos temas en los que sea consultado en materias específicas. 

          Artículo 4. Sesiones del Colegio.

          El Colegio de Arciprestes celebrará, al menos, tres sesiones anuales, presididas por el Obispo diocesano, a las que asistirá el Consejo de gobierno En ellas se tratarán los principales asuntos pastorales y administrativos cuya ejecución deben promover y coordinar en los arciprestazgos.

          Artículo 5. Secretario del Colegio.

          Un Arcipreste será nombrado Secretario del Colegio, que realizará las funciones propias de este oficio, realizando la convocatoria de las sesiones de trabajo y levantando Acta del desarrollo de las mismas.

          Dado en Almería, a veinticinco de julio de dos mil veintitrés.
          Solemnidad de Santiago Apóstol, Patrono de España.

          + Antonio Gómez Cantero
          Obispo de Almería

          Por su mandato,
          José Juan Alarcón Ruiz
          Canciller Secretario General

          DECRETO Y ESTATUTO CONSEJO PASTORAL ARCIPRESTAL

          Decreto 32/2023 (14 de septiembre) por el que se aprueba y promulga el Estatuto pastoral de los Arciprestazgos de nuestra diócesis de Almería

           Una vez realizada la reordenación pastoral del territorio diocesano mediante la nueva organización de los arciprestazgos y las parroquias que los componen para facilitar la misión pastoral y la mejor coordinación de las acciones comunes (cf. c. 374 §2), sabiendo que de los arciprestazgos brotarán frutos más abundantes de comunión eclesial, de renovación en la misión compartida y de corresponsabilidad efectiva desde las distintas comunidades con laicos, sacerdotes y miembros de vida consagrada, para responder mejor a las continuas llamadas del Señor a compartir las acciones misioneras que ayuden a anunciar el Evangelio en nuestra sociedad.

          Por el presente, APROBAMOS Y PROMULGAMOS EL ESTATUTO PASTORAL DE LOS ARCIPRESTAZGOS de nuestra diócesis de Almería, ad experimentum por un periodo de tres años, con la finalidad de ayudar a que sean cada vez más lugares privilegiados para vivir la fraternidad sacerdotal, eficaces instrumentos de comunión eclesial y medios muy aptos de coordinación pastoral y misionera en el camino sinodal.

          Publíquese este Decreto junto con el texto de los Estatutos, en el Boletín Oficial de la diócesis.

          Dado en Almería, a catorce de septiembre de dos mil veintitrés.
          Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

          + Antonio Gómez Cantero
          Obispo de Almería

          Por su mandato,
          José Juan Alarcón Ruiz
          Canciller Secretario General

          ESTATUTO PASTORAL DE LOS ARCIPRESTAZGOS DE LA DIÓCESIS DE ALMERÍA

           

          INTRODUCCIÓN

          El arciprestazgo, como instrumento de comunión eclesial y de unidad pastoral tiene una larga tradición en la vida y misión de la Iglesia, en la que está presente desde hace más de quince siglos, aunque con variaciones en su denominación y en su estructura.

          El origen histórico del arciprestazgo hay que situarlo en la difusión masiva del cristianismo en el siglo IV, cuando deja de ser un fenómeno urbano y minoritario para alcanzar a las poblaciones situadas fuera de las ciudades y, por ello, lejanas de la sede episcopal. Esta nueva situación obligaría a algunos sacerdotes a desplazarse cerca de las nuevas comunidades cristianas, creándose así presbiterios rurales presididos por uno de esos sacerdotes, llamado arcipreste, antes incluso del nacimiento de la parroquia como referencia territorial universal. En el Concilio de Trento aparece por primera vez un derecho propio del arcipreste, sobre todo en lo referente a la vigilancia del cumplimiento de normas para el clero (deber de residencia, predicación, catequesis, formación, etc.), así como sobre las visitas a las parroquias, dando cuenta al Obispo.

           El Concilio Vaticano II en el decreto Christus Dominus, al señalar a los párrocos como los colaboradores principales del Obispo diocesano en su función pastoral, indica, a su vez, que «de tal manera han de ejercer su función de enseñar, santificar y gobernar, que los fieles y las comunidades parroquiales se sientan verdaderamente miembros, tanto de la diócesis como de toda la Iglesia universal. Por eso han de colaborar con las otras parroquias y con los sacerdotes que ejercen su función pastoral en el territorio (como son, por ejemplo, los arciprestes o decanos) dedicados a obras de carácter supraparroquial, para que la pastoral en la diócesis no carezca de unidad y sea más eficaz» (CD 30).

          Después del Vaticano II, san Pablo VI en el motu proprio Ecclesiae Sanctae profundizará más en la naturaleza del arcipreste cuando establece que «entre los más próximos colaboradores del obispo diocesano se encuentran aquellos sacerdotes que ejercen un oficio pastoral de índole supraparroquial, entre los que deben recordarse los vicarios foráneos, que también se conocen con el nombre de arciprestes o decanos, y entre los orientales como protopresbíteros» (ES 19,1). El anterior Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Ecclesiae Imago de 1973 insistía en la importancia de este órgano eclesial, subrayando que los obispos «tengan en gran estima los arciprestazgos ya que pueden ayudar mucho a la pastoral orgánica y son instrumentos indispensables para la aplicación en la diócesis de los principios de subsidiaridad y de una justa distribución de los ministerios» (EI 10).

          El actual Código de Derecho Canónico de 1983 recogió esta doctrina y normativa en los cánones 553-555 junto al canon 374 §2, superando en mucho la dimensión meramente administrativa y de vigilancia que el Código anterior atribuía a los arciprestes, al configurar el arciprestazgo como un ámbito privilegiado en que los sacerdotes que lo integran puedan hacer realidad la vivencia más intensa de la fraternidad y, al mismo tiempo, los fieles puedan encontrar una plataforma que avive, facilite y coordine su misión evangelizadora. El actual Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos Apostolorum Successores de 2004 ve conveniente dotar a los arciprestazgos de un estatuto común que ordene su composición, reuniones y servicios pastorales comunes, y considera al arcipreste como el «diligente hermano mayor de los sacerdotes, sobre todo si se encuentran enfermos o en situaciones difíciles. A él corresponde coordinar las actividades pastorales que las parroquias realizan en común, vigilar que los sacerdotes vivan de acuerdo a su propio estado y que se respete la disciplina parroquial, sobre todo litúrgica» (AS 218).

          En nuestra diócesis, la presencia de los arciprestazgos ha sido constante. Su número e importancia fue creciendo al ritmo de las necesidades pastorales y de la complejidad de la vida diocesana. Con la reorganización eclesiástica del siglo XVI en la restaurada diócesis de Almería, surgieron delimitaciones pastorales que se llamaron Vicarías. En el Sínodo diocesano celebrado en 1635 se trata de los vicarios foráneos y sus Vicarías, que constituyen el antecedente de los futuros arciprestazgos, aunque no se les mencione con ese nombre. El único arcipreste era el Cura del Sagrario-Catedral, que solo más tarde será también canónigo. La diócesis estaba subdividida en cinco Vicarías y un partido: Vicaría Mayor, Vicaría de Purchena, Vicaría de Serón, Vicaría de Los Vélez, Vicaría de Vera y el Partido de Tahal.

          Esta estructura eclesiástica perdura hasta el siglo XIX. Hubo tres infructuosos intentos de aplicar el Concordato de 1851, que ordenaba adaptar los límites diocesanos y el número de parroquias. Por fin en 1900 se abandona la división en Vicarías y se establecen siete arciprestazgos: Almería, Albox, Gérgal, Purchena, Sorbas, Vélez-Rubio y Vera. Esta división territorial será modificada en el Sínodo diocesano de 1929, para facilitar el ejercicio del ministerio del arcipreste en nuestra dificultosa geografía, aumentando en seis el número de arciprestazgos: Arciprestazgo Mayor, Albox, Cantoria, Felix, Gérgal, Níjar, Pechina, Purchena, Serón, Sorbas, Tahal, Vélez-Rubio y Vera.

          La superficie de la provincia seguía repartida hasta los años cincuenta del siglo XX entre las diócesis de Granada, Guadix y Cartagena. La organización territorial de nuevo se vio afectada con la extensión de los límites diocesanos realizada en 1953 y en 1957, subiendo a dieciocho arciprestazgos. El 1 de noviembre de 1953 son incorporados a Almería los arciprestazgos de Canjáyar y Río de Almería, provenientes ambos de la archidiócesis de Granada, con sus dieciocho parroquias. El 1 de noviembre de 1957 la Santa Sede agrega a la diócesis de Almería los arciprestazgos de Berja con quince parroquias y de Laujar con siete parroquias, que aún pertenecían a la archidiócesis de Granada; junto con el arciprestazgo de Fiñana con sus seis parroquias, reintegrado a Almería desde la diócesis de Guadix; y el arciprestazgo de Huércal-Overa con sus ocho parroquias, segregado de la diócesis de Cartagena.

          En el postconcilio se impone hablar de zonas pastorales, estableciendo nueve, y dejando en segundo plano los arciprestazgos, que permanecieron sin cambios hasta que al final de los años ochenta del pasado siglo se produce una revalorización pastoral del arciprestazgo, y en 1987 se decide la ordenación de los arciprestazgos en once: se desmembró el Arciprestazgo Mayor en Almería nº 1, Almería nº 2 y Almería nº 3; con los de Adra, Berja, Níjar, Río Almanzora, Río Andarax, Roquetas de Mar, Vera, y Los Vélez. La realidad diocesana indujo a una nueva modificación territorial, a comienzos del siglo XXI, mediante la creación de tres vicarías territoriales en 2002 que fueron extinguidas en 2021. Esa división se completó en 2005 con la reestructuración de arciprestazgos, con nuevas fusiones, en número de doce: Adra-Berja, Almería nº 1, Almería nº 2, Almería nº 3, Alto Andarax, Filabres-Nacimiento, Los Vélez /Huércal-Overa, Níjar, Río Almanzora, Roquetas de Mar, San Indalecio y Vera.

          El 25 de julio de 2023, el Obispo diocesano decretó la nueva configuración de los arciprestazgos de nuestra diócesis que quedaron reducidos a nueve: Virgen del Mar (Almería Oeste), Mártir Diego Ventaja (Almería Este), San Indalecio, Roquetas de Mar, El Ejido-Alpujarra, Campo de Níjar, Vera, Río Almanzora y Los Vélez/Huércal-Overa, pues con el paso de los años, la realidad social y pastoral de nuestra diócesis ha cambiado, con una mayor despoblación de las zonas interiores y el crecimiento de la zona costera así como la nueva disposición de la población en la capital junto con la disminución del número de sacerdotes, que ha exigido esta nueva ordenación de los arciprestazgos de nuestra diócesis formados por un mayor número de comunidades parroquiales y un mayor número de sacerdotes para facilitar el trabajo en equipo común y lograr la integración de los laicos y los miembros de Vida consagrada en la realidad del arciprestazgo.

          Sabemos bien que el arciprestazgo no es ni una minidiócesis, ni una confederación de parroquias que las prive de su necesaria autonomía y capacidad de iniciativa, sino un instrumento excelente para la conjunción de las fuerzas apostólicas que potencie la eficacia de las mismas por la participación más activa de quienes integran el arciprestazgo y sobre todo, por una coordinación más funcional de todas las personas y comunidades con los organismos diocesanos, encargados de promover las acciones pastorales prioritarias de la Iglesia diocesana.

          En este sentido, el arciprestazgo deberá responder a una doble exigencia, por una parte pastoral, en cuanto que debe ayudar a una superación de concepciones cerradas de Iglesia, al hacer sentir la pertenencia y la participación en la vida de la diócesis, favorecer la unidad y ayudar a la encarnación del Evangelio en las peculiaridades de tiempos, lugares y personas; y por otra parte canónica, en cuanto que el arciprestazgo se coloca como organismo intermedio entre la parroquia y la diócesis haciendo más fácil el estudio, la participación y la coordinación de aquellas actividades pastorales que podrían resultar demasiado indeterminadas en el ámbito de la diócesis y superan sin embargo las posibilidades de las parroquias, creciendo así en el deseo de ser una Iglesia cada vez más sinodal «también en sus instituciones, estructuras y procedimientos, para constituir un espacio en el que la común dignidad bautismal y la corresponsabilidad en la misión no sólo se afirmen, sino que se ejerzan y practiquen» (Instrumentum laboris para la primera sesión del Sínodo de los Obispos 2023, nº 21).

          Así, los presentes Estatutos se proponen a su vez ser un cauce de ayuda, en forma flexible y adaptada, para que los arciprestazgos en nuestra diócesis sean, en realidad, auténticas unidades de acción pastoral al servicio del Evangelio en una Iglesia sinodal.

          TÍTULO I.
          El Arciprestazgo.

          Art. 1. Concepto y constitución. §1. El arciprestazgo, en cuanto agrupación de varias parroquias cercanas por sus límites geográficos o por su finalidad pastoral específica, se concibe como una unidad pastoral establecida en la diócesis de Almería a tenor de la legislación general vigente y de estos Estatutos.

          §2. El arciprestazgo estará constituido por las parroquias que determine su decreto de constitución y en él se integran el arcipreste, los sacerdotes con o sin encomienda pastoral que en él residan, los miembros de vida consagrada e institutos seculares si los hubiera, y los laicos colaboradores de las respectivas parroquias y/o miembros de las asociaciones y movimientos apostólicos que residen o ejerzan su apostolado dentro del ámbito de las parroquias que lo integran (cf. c. 374 §2).

          §3. Corresponde al Obispo diocesano la constitución, modificación o supresión de los arciprestazgos, habiendo oído al Consejo presbiteral y a los arciprestes interesados.

          Art. 2. Fines generales. 1º. Ser signo eficaz de comunión dentro de la diócesis tanto entre las parroquias que componen el arciprestazgo como entre éstas y los órganos de la curia diocesana, en todos aquellos asuntos pastorales y administrativos comunes al conjunto de las parroquias, respetando siempre la autonomía y competencia propia de los párrocos (cf. c. 519).

          2º. Ser espacio de escucha, oración, encuentro, diálogo y acción común de los laicos, miembros de vida consagrada y sacerdotes que trabajan en las parroquias para obtener una inserción cada vez mayor y más efectiva en la acción evangelizadora de la Iglesia, como plataforma de coordinación de la acción pastoral, concorde con las orientaciones pastorales diocesanas.

          3º. Ser un órgano de reflexión y de evaluación sobre la situación religiosa en el territorio del arciprestazgo, y de comunicación, a través del Vicario episcopal de evangelización y acción pastoral, con los responsables últimos de la pastoral diocesana.

          4º. Ayudar y apoyar a las parroquias a vivir el estilo eclesial sinodal y su permanente renovación espiritual y pastoral.

          5º. Ser un espacio privilegiado para la formación permanente de los laicos, sacerdotes y miembros de vida consagrada.

          6º. Poner al servicio de las parroquias aquellos bienes y servicios que cada una de ellas pueda ofrecer a las demás, fomentando el espíritu misionero y realizando acciones comunes adecuadas.

          7º. Ejecutar las normas y directrices que se reciban del Obispo, tanto generales para toda la diócesis como particulares para el arciprestazgo.

          Art. 3. Fines particulares. 1º. Promover, coordinar y facilitar la pastoral de conjunto, de acuerdo con las orientaciones pastorales diocesanas, teniendo en cuenta las circunstancias peculiares de cada arciprestazgo.

          2º. Fomentar y programar encuentros periódicos entre todos los sacerdotes que integran el arciprestazgo para avanzar en la vivencia más intensa de la fraternidad sacerdotal, orando juntos y poniendo en común experiencias e iniciativas que puedan ser una ayuda en la misión pastoral compartida desde el oficio encomendado a cada uno.

          3º. Proponer y llevar a cabo planes de formación permanente para sacerdotes y seglares, de acuerdo con los promovidos para toda la diócesis.

          4º. Crear comisiones y designar responsables en cada arciprestazgo que pongan en marcha acciones que superen la capacidad operativa de las parroquias o exijan una determinada especialización, como equipos de Cáritas, liturgia, catequesis, cursos prematrimoniales, etc.

          TÍTULO II.
          El Arcipreste.

          Art. 4. Concepto. El arcipreste es el sacerdote que, considerado idóneo, según las circunstancias de tiempo y lugar, se pone al frente del arciprestazgo para fomentar la actividad pastoral común en el marco de la pastoral diocesana, y ayudar fraternalmente a los sacerdotes, despertando energías, ilusionando y estimulando a los fieles laicos y miembros de vida consagrada y colaborando con ellos para que la vida de cada parroquia crezca en unidad y eficacia (cf. cc. 553-554).

          Art. 5. Nombramiento. El arcipreste es nombrado por el Obispo de entre una terna de nombres que se le presentará, tras votación efectuada por los sacerdotes del arciprestazgo, escuchado también el Consejo pastoral arciprestal si lo considera necesario, salvo casos particulares en los que el Obispo pueda establecer otro modo de designación (cf. cc. 553 §2 y 554 §1).

          Art. 6. Criterios de idoneidad. Para el nombramiento de arcipreste se tendrán en cuenta las siguientes cualidades de idoneidad (cf. EI 187; AS 218):

          1º. Ser un sacerdote que resida en el arciprestazgo y tenga cura de almas en alguna de sus parroquias.

          2º. Poseer suficiente experiencia pastoral, habiendo cumplido al menos tres años como presbítero.

          3º. Ser estimado por los miembros del pueblo de Dios y tener autoridad moral por su doctrina, prudencia, piedad y celo apostólico.

          4º. Ser conocedor de la realidad pastoral y circunstancias del arciprestazgo.

          5º. Ser capaz de promover y coordinar la pastoral orgánica del arciprestazgo, en el marco de la pastoral diocesana, fomentando la comunión, el trabajo en equipo, el diálogo y la participación.

          Art. 7. Procedimiento para la elección del arcipreste. §1. A tenor de lo señalado en el Decreto 07/2021, que regula este procedimiento, serán electores y elegibles:

          1º. Todos los sacerdotes diocesanos con oficio pastoral encomendado por el Obispo en tal arciprestazgo.

          2º. Todos los presbíteros regulares o pertenecientes a otras jurisdicciones no incardinados, pero siempre con oficio pastoral encomendado por el Obispo en tal arciprestazgo.

          §2. Como es costumbre en nuestra diócesis, al realizar la elección a arcipreste se señalará aquel sacerdote que ha recibido el mayor número de votos, y junto a él también los dos sacerdotes siguientes que hayan recibido el siguiente mayor número de votos, presentando así al Obispo una terna de candidatos.

          §3. Convocará la elección el arcipreste saliente, o si éste no perteneciera ya a tal arciprestazgo, el sacerdote de mayor edad perteneciente al mismo, citando por los medios oportunos a todos y cada uno de los sacerdotes con derecho a voto en su arciprestazgo. Quedará constituida la sesión electoral cuando el arcipreste saliente, o si éste no se hallara presente o no perteneciera ya a tal arciprestazgo, el sacerdote de mayor edad asistente, compruebe que están presentes al menos la mitad más uno de los que tienen derecho a voto. Presidirá la mesa electoral el sacerdote más antiguo en ordenación sacerdotal de los asistentes a la elección en calidad de presidente y actuará de secretario el sacerdote más joven en fecha de ordenación sacerdotal de los asistentes a la elección en calidad de secretario.

          §4. Una vez constituida la mesa electoral por los dos sacerdotes mencionados en el número anterior, se invocará al Espíritu Santo para iniciar la elección, y se procederá del siguiente modo: el secretario recogerá el voto escrito de cada uno de los asistentes con derecho a voto; antes de comenzar su recuento el presidente comprobará que el número de votos emitidos corresponde al número de votantes. Después el secretario leerá en voz alta cada uno de los votos y los entregará al presidente para su comprobación. El secretario anotará el resultado de tales elecciones. Al final del escrutinio el presidente romperá las papeletas de votación en presencia de todos los asistentes, una vez comprobado que el número de votos anotados por el secretario corresponde a los votos emitidos y escrutados. No se aceptarán votos por correo ni por delegación, y una vez iniciada la sesión no podrán incorporarse sacerdotes que no estuvieran presentes en el momento de iniciarse la votación.

          §5. El acta de elección según el modelo enviado por la Cancillería del Obispado será firmada por el presidente y el secretario de la mesa y remitida de inmediato a esta Cancillería por correo postal o electrónico, para que el Obispo proceda a su nombramiento.

          §6. En el decreto de convocatoria de las elecciones se podrán desarrollar ulteriormente o modificar parcialmente algunos aspectos de este procedimiento.

            Art. 8. Duración del nombramiento. El nombramiento de arcipreste tendrá una duración de tres años pudiendo ser renovado por otro trienio consecutivo (cf. c. 554 §2).

            Art. 9. Cese y sustitución. 1º. El arcipreste cesará en su cargo por fallecimiento, incapacidad, transcurso del tiempo para el que fue nombrado, traslado a un oficio eclesiástico de otro territorio arciprestal, remoción o renuncia aceptada por el Obispo (cf. c. 554 §3).

            2º. En todos estos casos, el Obispo tendrá libertad para nombrar nuevo arcipreste, bien sea uno de los otros dos sacerdotes que componían la terna presentada de la que se habla en el artículo 7 §2, bien a otro sacerdote. La duración de su nombramiento de arcipreste para estos casos será igual al tiempo que reste para el cese de los demás arciprestes en la diócesis.

            Art. 10. Deberes y derechos generales (cf. c. 555). 1º. Procurar que la estructura del arciprestazgo sea lo más eficaz posible para conseguir los fines que se pretenden con ella: fomentar la fraternidad entre los sacerdotes de su territorio y coordinar, animar y promover la actividad pastoral común.

            2º. Promover las relaciones oportunas entre los organismos y servicios pastorales diocesanos con las parroquias y las instituciones del arciprestazgo.

            3º. De manera especial, y en relación con los sacerdotes de su arciprestazgo, tiene el arcipreste la obligación, junto con delegado episcopal para el Clero, de cuidar que no les falten los medios espirituales y materiales, especialmente a aquellos que están enfermos, se hallan en circunstancias difíciles o se ven agobiados por problemas; quede garantizada la necesaria formación permanente de los sacerdotes en la dimensión humana, intelectual, espiritual y pastoral; facilitar que asistan a las conferencias, reuniones teológicas o coloquios, de acuerdo con lo señalado por el c. 279; vivan de modo conforme con su estado y cumplan diligentemente con sus obligaciones; no les falte, cuando mueran, un digno funeral y no perezcan sus cosas ni las de su iglesia. Le corresponde, además, cuidar de que se comunique lo antes posible al Obispo y al delegado episcopal para el Clero el fallecimiento de los sacerdotes de su arciprestazgo.

            4º. Procurar que las acciones cultuales se celebren según las prescripciones del derecho, se cuide el decoro de las iglesias, objetos y ornamentos sagrados, sobre todo en la celebración eucarística y en la custodia del Santísimo Sacramento, se cumplimenten y guarden convenientemente los libros parroquiales, se administren con diligencia los bienes eclesiásticos y se conserve, con la debida diligencia, la casa parroquial.

            5º. Velar también para que en las parroquias de su arciprestazgo se predique convenientemente la Palabra de Dios, se realicen adecuadamente los procesos de educación en la fe, y se viva debidamente el testimonio de la caridad.

            6º. En relación a los archivos parroquiales, debe cuidar de que se asienten debidamente y en el tiempo adecuado las partidas sacramentales en los libros correspondientes; se envíen regularmente a la Curia diocesana las copias de dichas partidas; se realicen las notificaciones de los sacramentos, establecidas por el derecho, a las parroquias del lugar del bautismo; y se anoten regularmente en el propio libro de bautismos las comunicaciones recibidas al efecto.

            7º. En cuanto a la administración de los bienes eclesiásticos, ayudará a que se cumpla la normativa general y diocesana al respecto, cuidará de que se envíen los balances y presupuestos en el tiempo establecido y de que se soliciten las autorizaciones correspondientes para los actos de administración extraordinaria.

            8º. Visitar periódicamente las parroquias de su arciprestazgo e informar al Vicario Episcopal del estado de las mismas.

            9º. Ser oído, a tenor de los cánones 524 y 547, cuando se trate del nombramiento de párrocos o vicarios parroquiales dentro de su arciprestazgo.

            10º. Participar en el Sínodo diocesano (cf. c. 463 §1, 7º), y en el Consejo presbiteral de la diócesis a tenor de sus estatutos (cf. Decr. 01/2022, art. 7 §1).

            Art. 11. Deberes y derechos particulares. 1º. Convocar y presidir las reuniones del equipo presbiteral, y urgir a los sacerdotes del arciprestazgo a que asistan y participen en las reuniones.

            2º. Convocar y presidir las reuniones del consejo de coordinación y animación pastoral del arciprestazgo.

            3º. Presidir en ausencia del Obispo o del Vicario general o episcopal, las celebraciones que, con carácter diocesano o arciprestal, se celebren en su territorio y ejercer las funciones que los mismos puedan encargarle.

            4º. Participar en las reuniones del Colegio de arciprestes de la diócesis, a tenor de su propio reglamento (cf. Decr. 28/2023).

            5º. Formar parte, en la debida representación, del Consejo pastoral diocesano, a tenor de sus estatutos (cf. Decr. 22/2022, art. 5 §2).

            6º. Cuidar de que en cada parroquia existan y funcionen debidamente los organismos colegiales prescritos por el derecho vigente, tales como el consejo pastoral parroquial y el consejo parroquial de asuntos económicos (cf. cc. 536-537).

            7º. Asumir provisionalmente el régimen de una parroquia, con los deberes y derechos del administrador parroquial, cuando la parroquia esté privada de párroco por muerte o ausencia prolongada, si no existe vicario parroquial que le sustituya conforme a derecho y si el Ordinario no ha dispuesto otra cosa, y organizar con los sacerdotes del arciprestazgo la asistencia pastoral de la misma hasta el nombramiento del nuevo párroco (cf. c. 541).

            8º. Despachar periódicamente con el Obispo y estar en contacto frecuente con el Vicario Episcopal, para informarle directamente del estado de su arciprestazgo y presentarle, en nombre propio y del arciprestazgo, cuantas sugerencias estime necesarias o convenientes.

            TÍTULO III.
            El Equipo presbiteral del arciprestazgo
            .

            Art. 12. Concepto y composición. El equipo presbiteral del arciprestazgo, en cuanto concreción del presbiterio y corresponsable de la pastoral diocesana, está formado por todos los sacerdotes que desempeñen un oficio pastoral en el territorio del arciprestazgo por nombramiento del Obispo. También formarán parte del equipo presbiteral los sacerdotes jubilados que residan en el arciprestazgo, otros sacerdotes que tengan domicilio en el arciprestazgo aunque no desempeñen en él un cargo pastoral encomendado por el Obispo o Vicario Episcopal y los diáconos, permanentes o no, adscritos a cualquiera de las parroquias del arciprestazgo.

            Art. 13. Fines. 1º. Ser cauce de encuentro y de fraternidad de los sacerdotes del arciprestazgo, para orar juntos, favorecer el mutuo conocimiento, realizar la formación permanente, ofrecer y prestar las ayudas mutuas necesarias, estudiar conjuntamente los planes apostólicos arciprestales, sugerir y proponer cuantas iniciativas se crean convenientes para la evangelización.

            2º. Favorecer la participación activa de sus miembros en las tareas comunes del arciprestazgo.

            3º. Cuidar la atención a los sacerdotes enfermos o ancianos, y a los que se encuentren en dificultades.

            4º. Coordinar las sustituciones de los sacerdotes del arciprestazgo en sus ausencias o vacaciones.

            5º. Asumir las funciones que se asignan en este Estatuto al consejo de coordinación y animación pastoral del arciprestazgo, si éste no existe o mientras se constituye.

            Art. 14. Reuniones. §1. El equipo presbiteral se reunirá ordinariamente una vez al mes y siempre que lo crea necesario o conveniente el arcipreste, o así lo solicite más de la mitad de sus miembros. Al inicio del curso pastoral confeccionará de mutuo acuerdo, el calendario de reuniones, procurando facilitar la máxima asistencia de miembros, calendario que será comunicado al delegado episcopal para el Clero.

            §2. Cada una de las reuniones será convocada por el arcipreste con una semana de antelación, fijando el orden del día.

            §3. Debido a la importancia de estas reuniones para la pastoral de conjunto, los miembros del equipo presbiteral deben asistir a las mismas, por lo que la ausencia a las mismas será por causa justificada y deberá ser comunicada al arcipreste que posteriormente informará al ausente de lo tratado.

            §4. El contenido de las reuniones será fijado por el equipo sacerdotal teniendo en cuenta los planes pastorales diocesanos y la realidad pastoral del arciprestazgo. En ellas, tras la oración inicial, habrá un tiempo para la formación permanente con los contenidos señalados anualmente por la delegación episcopal del Clero, y otro tiempo para la promoción y el seguimiento de la actividad pastoral conjunta.

            §5. Además de estas reuniones, el equipo presbiteral realizará un retiro con una periodicidad, al menos, trimestral.

            Art. 15. Organización. §1. En el equipo presbiteral del arciprestazgo los sacerdotes con oficio pastoral se distribuirán el encargo de coordinar las siguientes áreas de pastoral, siendo después los responsables de las mismas comisiones existentes en el Consejo pastoral del arciprestazgo, y que al menos deben ser: catequesis, liturgia, cáritas, pastoral familiar, pastoral vocacional y pastoral juvenil, pastoral de la salud, sostenimiento de la Iglesia.

            §2. Si el número de sacerdotes del equipo presbiteral no fuera suficiente para encargarse de la coordinación de cada una de las áreas de pastoral señaladas, un sacerdote podrá coordinar a un mismo tiempo dos de las mencionadas áreas de pastoral.

            TÍTULO IV.
            Consejo pastoral del arciprestazgo.

            Art. 16. Concepto. Este consejo de coordinación y animación pastoral del arciprestazgo se concibe como un órgano permanente, colegiado, de carácter consultivo, en el que están representadas las parroquias en sus diversos sectores de actividad pastoral, comunidades de vida consagrada, asociaciones y movimientos apostólicos laicales del arciprestazgo, en orden a promover, potenciar, dinamizar y coordinar las tareas pastorales comunes y la vida eclesial del mismo, en el marco de nuestra Iglesia diocesana.

            Art. 17. Constitución. Será aprobada por el Obispo en cada uno de los arciprestazgos, tras la notificación de su constitución por el arcipreste, estando representados en él las parroquias que lo componen y todos aquellos sectores del Pueblo de Dios que integran el arciprestazgo: sacerdotes, miembros de vida consagrada y mayoritariamente laicos que colaboran en la pastoral parroquial y/o miembros de asociaciones y movimientos de apostolado seglar.

            Art. 18. Fines. 1º. Estudiar, analizar y evaluar los estudios y propuestas que se le presenten sobre la realidad pastoral del arciprestazgo.

            2º. Planificar y desarrollar aquellas actividades pastorales que, a juicio del arcipreste, sobrepasan las posibilidades de cada parroquia o exigen una mayor comunicación y colaboración entre ellas.

            3º. Presentar cuantas sugerencias y propuestas cada uno de sus miembros crean necesarias o convenientes para una mejor eficacia evangelizadora.

            4º. Trabajar en equipo en las distintas áreas de pastoral mencionadas en el art. 15 de estos Estatutos, siempre en conexión con los organismos diocesanos responsables para mejor coordinación y aplicación de los planes pastorales diocesanos.

            Art. 19. Miembros. Este consejo, presidido por el arcipreste, estará integrado por:

            1º. Los párrocos del arciprestazgo, quienes podrán hacerse representar por sus vicarios parroquiales si los hubiera.

            2º. Dos representantes de la vida consagrada, que ejerzan su actividad apostólica en el territorio del arciprestazgo, elegidos por ellos mismos de entre los miembros de sus comunidades.

            3º. Dos representantes de las asociaciones laicales o movimientos apostólicos legítimamente establecidos en el arciprestazgo, elegidos por ellos mismos de entre sus miembros.

            4º. Dos representantes de los profesores de religión residentes en el arciprestazgo elegidos por ellos mismos de entre sus miembros.

            5º. Diez laicos miembros de los consejos pastorales parroquiales, elegidos por ellos mismos de entre sus miembros, que representen a todas las parroquias que componen el arciprestazgo, elegidos por ellos mismos de entre los representantes de cada una de ellas.

            6º. Un máximo de cuatro miembros designados libremente por el arcipreste, a propuesta de los párrocos, teniendo en cuenta la entidad e importancia de los sectores representados.

            Art. 20. Otras disposiciones para su funcionamiento. Sin perjuicio de que más adelante se pueda aprobar un Estatuto propio para el Consejo pastoral arciprestal, se realizan ahora las siguientes indicaciones para su funcionamiento:

            1º. El consejo puede actuar en pleno o en comisión permanente, que estará constituida por el arcipreste, que la presidirá, y por otro sacerdote, un miembro de vida consagrada y cuatro laicos, elegidos de entre los que componen el pleno.

            2º. La comisión permanente tiene como función propia preparar las reuniones del pleno y velar por el cumplimiento de las resoluciones que se tomen en el mismo.

            3º. El pleno se reunirá, al menos, dos veces al año y la permanente cuantas veces el arcipreste crea conveniente convocarla.

            4º. En la primera reunión del consejo, una vez aprobada su constitución por el Obispo, se procederá a elegir, de entre sus miembros, un secretario que levante acta de los acuerdos que se tomen y cuide de la conservación de las mismas. Será, a la vez, secretario del pleno y de la comisión permanente.

            5º. También los miembros de este consejo se repartirán de forma equitativa entre las distintas comisiones de trabajo de las áreas de pastoral señaladas en el art. 15 de estos Estatutos para su trabajo en ellas.

            6º. Los acuerdos del consejo se tomarán por mayoría simple de votos.

            7º. Compete al arcipreste invitar a algunas reuniones del consejo a determinadas personas que no forman parte de él pero que considere oportuno escucharlas según la índole de los asuntos a tratar.

            8º. El consejo se renovará por elección cada tres años.

            TÍTULO V.
            De la interpretación y modificación de este Estatuto pastoral.

            Art. 21. 1º. En caso de duda sobre la interpretación de cualquiera de los artículos de estos estatutos, será el Obispo quien, sobre la base del derecho estatutario, resolverá la duda.

            2º. El Obispo puede modificar estos estatutos cuando lo considere oportuno conforme a la norma del derecho o a propuesta de dos tercios del Consejo Presbiteral.

            Dado en Almería, a catorce de septiembre de dos mil veintitrés.
            Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

            + Antonio Gómez Cantero
            Obispo de Almería

            Por su mandato,
            José Juan Alarcón Ruiz
            Canciller Secretario General

            DECRETO CONSTITUCIÓN CONSEJO PASTORAL PARROQUIAL Y CONSEJO PARROQUIAL DE ASUNTOS ECONÓMICOS

            Decreto 33/2023 (14 de septiembre) por el que se impera en todas las parroquias de nuestra diócesis la constitución del Consejo pastoral parroquial y del Consejo parroquial de asuntos económicos según los criterios señalados y se aprueban sus nuevos Estatutos marco

             

            El c. 536 del Código de Derecho Canónico señala que «si es oportuno, a juicio del Obispo diocesano, oído el consejo presbiteral, se constituirá en cada parroquia un consejo pastoral, que preside el párroco y en el cual los fieles, junto con aquellos que participan por su oficio en la cura pastoral de la parroquia, presten su colaboración para el fomento de la actividad pastoral. El consejo pastoral tiene voto meramente consultivo, y se rige por las normas que establezca el Obispo diocesano». A continuación, el c. 537 indica que «en toda parroquia ha de haber un consejo de asuntos económicos que se rige, además de por el derecho universal, por las normas que haya establecido el Obispo diocesano, y en el cual los fieles, elegidos según esas normas, prestan su ayuda en la administración de los bienes de la parroquia, sin perjuicio de lo que prescribe el c. 532».

            En nuestra diócesis de Almería ya existen estos Consejos en algunas parroquias pero es necesario que se constituyan en todas, como así fue expresado en la consulta sinodal al pueblo de Dios que peregrina en nuestra diócesis y recoge la programación pastoral diocesana para el bienio 2023-2025, pues caminar en comunidad para evangelizar reclama la existencia de estos instrumentos fundamentales de sinodalidad en nuestras parroquias que fomenten la escucha, el diálogo y el discernimiento compartido, como pide la Iglesia en este camino sinodal que se concrete «en sus instituciones, estructuras y procedimientos, para constituir un espacio en el que la común dignidad bautismal y la corresponsabilidad en la misión no sólo se afirmen, sino que se ejerzan y practiquen» (Instrumentum laboris para la primera sesión del Sínodo de los Obispos 2023, nº 21).

            Para favorecer su existencia y alcanzar una mayor eficacia en su funcionamiento, habiendo deliberado con el Consejo presbiteral en la sesión del pasado 29 de mayo del corriente, por el presente DECRETAMOS LA CONSTITUCIÓN DEL CONSEJO PASTORAL PARROQUIAL Y DEL CONSEJO PARROQUIAL DE ASUNTOS ECONÓMICOS EN TODAS LAS PARROQUIAS DE NUESTRA DIÓCESIS con los siguientes criterios pastorales para su implantación, y APROBAMOS Y PROMULGAMOS SUS NUEVOS ESTATUTOS MARCO, derogando los existentes desde 2004 y 2006 y que han estado vigentes hasta ahora.

            CRITERIOS PASTORALES PARA SU IMPLANTACIÓN

            1. La constitución del Consejo pastoral parroquial y del Consejo parroquial de asuntos económicos será obligatoria en todas las parroquias con una feligresía superior a mil habitantes.
            2. En las parroquias de menor feligresía a la anteriormente señalada, se constituirá un solo Consejo parroquial que aúne en sus miembros las funciones de estos dos Consejos.
            3. En las comunidades parroquiales cercanas atendidas por un mismo párroco donde exista una parroquia con mayor feligresía y varias pequeñas que no superen el criterio señalado en el nº 1, podrá el párroco constituir un Consejo pastoral parroquial y un Consejo parroquial de asuntos económicos formados por miembros de las distintas parroquias vecinas.
            4. Cada parroquia adaptará los Estatutos marco a su realidad pastoral propia, que serán redactados por el párroco y enviados a la Cancillería del Obispado para su aprobación por parte del Obispo diocesano.
            5. Las parroquias que ya habían constituido anteriormente el Consejo pastoral parroquial y/o el Consejo parroquial de asuntos económicos adaptarán también sus Estatutos a estos nuevos Estatutos marco que serán redactados por el párroco y los enviarán de igual modo a la Cancillería del Obispado para su aprobación por parte del Obispo diocesano.
            6. En todo caso, el plazo para la constitución de los Consejos parroquiales y para la aprobación y/o renovación de sus Estatutos propios finaliza el próximo día 31 de enero de 2024.
            7. En el texto de los Estatutos marco de cada Consejo se indica en cursiva las concreciones a realizar según la realidad pastoral de cada parroquia.

              Dado en Almería, a catorce de septiembre de dos mil veintitrés.
              Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

              + Antonio Gómez Cantero
              Obispo de Almería

              Por su mandato,
              José Juan Alarcón Ruiz
              Canciller Secretario General

              DECRETO IMPLANTACIÓN SISTEMA INFORMATICO DE GESTIÓN PARROQUIAL

              Decreto 35/2023 (15 de septiembre) por el que se implanta el programa informático de Gestión integral de la información parroquial

               La transparencia en la economía diocesana y parroquial y el sostenimiento de nuestras comunidades cristianas concretan las exigencias de la corresponsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios en este camino sinodal que estamos recorriendo juntos en la Iglesia.

              El Código de derecho canónico establece que todos los administradores han de cumplir su función con la diligencia de un padre de familia (cf. c. 1284), especificando los distintos aspectos de su gestión que deberán atender particularmente. Uno de ello es “hacer las cuentas de la administración” (cf. c. 1284, 8º), que anualmente deberán presentarse al Ordinario del lugar (cf. c. 1287 §1). Para ello, fue creado hace unos años en nuestra diócesis el programa de Gestión integral de la información parroquial (GiiP), hoy propiedad de la Conferencia episcopal española, implantado ya la gran mayoría de las diócesis, que ofrece un sistema ágil y profesional que permite una llevanza continua on line de las cuentas y facilita su presentación al final del año según los criterios establecidos y facilita su integración contable con las cuentas del propio Fondo común diocesano y del resto de entidades diocesanas. Asimismo, es una herramienta eficaz para sistematizar la información parroquial a todos los niveles y la relación de las comunidades parroquiales con el Obispado a través de sus Consejos de asuntos económicos.

              Por ello, por la presente, dispongo que se implemente en todas las parroquias de la diócesis y demás organismos diocesanos este programa de gestión integral de la información parroquial, para la llevanza de su contabilidad antes del final del presente año 2023. En consecuencia, la presentación de las cuentas del presente ejercicio 2023, a realizar en el primer mes de 2024, deberá efectuarse a través del sistema establecido en dicha herramienta informática.

              Dado en Almería, a quince de septiembre de dos mil veintitrés.
              Memoria de Nuestra Señora de los Dolores.

              + Antonio Gómez Cantero
              Obispo de Almería

              Por su mandato,
              José Juan Alarcón Ruiz
              Canciller Secretario General

              MAPA LÍMITES ARCIPRESTAZGOS